Edición N° 47 - Lima, Martes 3 de Febrero de 2004   
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    OLEADAS DE VIRUS:
    LA FORMA DE ROBAR EN EL SIGLO XXI

    Cuando un programador de virus decide lanzar al ciberespacio un nuevo código malicioso, muchas personas se plantean la pregunta típica ¿Por qué? La respuesta no es tan evidente como puede parecer en un principio. Los hackers siempre se escudan en una falsa motivación de estudios sobre seguridad. Quieren, según ellos, demostrar que la Red no es segura y por eso lo demuestran con sus virus.

    También es relevante el hecho de que su afán es en muchos casos un mero interés propagandístico. Desde hace muchos años, a los hackers/creadores de virus se les ha considerado personas tremendamente inteligentes y hábiles programando, por lo que cuanto más lejos llegue un virus más importantes se sentirán. Lo peor es que muchas personas (los jóvenes adolescentes sobre todo) siguen pensando que son ideales a imitar.

    Pero en la última semana hay una serie de variables que echan por tierra todas las suposiciones anteriores. Recapitulemos la escalada vírica acontecida en este final de enero:

    Día 26 de enero, lunes. Aparece el virus Mimail.Q, que muestra en pantalla un supuesto formulario de Microsoft que intenta engañar al usuario para que proporcione información sobre su tarjeta de crédito. No cabe la menor duda de que el creador busca estafar al usuario y robarle su dinero.

    Día 27 de enero, martes. Aparece el gusano Mydoom.A. En este caso no intenta conseguir la información tan directamente. Es un gusano orientado a empresas, por lo que deja una puerta abierta para que un atacante pueda entrar y buscar por sí mismo los datos que necesite para llevar a cabo una estafa.

    Día 28 de enero, miércoles. Tras la variante A, aparece en el ciberespacio Mydoom.B, que con sistemas similares al anterior permite a un atacante entrar en redes corporativas. Para refinar más la situación, impide que algunos antivirus sean actualizados correctamente.

    Día 29 de enero, jueves. Es detectado y controlado el virus Mimail.S. De nuevo, intenta estafar a los usuarios a los que les llega en virus. Y de la manera más rápida: solicitando datos sobre su tarjeta de crédito.

    ¿Casualidad? Si se tratase de dos virus, tal vez, pero cuatro… parece demasiado. Todo hace pensar que la aparición de estas oleadas de virus responde a algún tipo de estrategia orquestada con oscuros propósitos.

    En el mejor de los casos, podría ser que los autores de ambos tipos de virus estén beneficiándose mutuamente del éxito de sus respectivas creaciones. La alarma provocada por Mydoom.A.worm, indudablemente hace que cualquier nuevo virus despierte más atención que si fuese lanzado en otro momento.

    Sin embargo, y haciendo caso del refrán “piensa mal y acertarás” podríamos pensar en otra posibilidad, mucho más inquietante. Fijémonos en lo que tienen en común ambas familias de virus. Las dos nuevas variantes de Mimail están diseñadas para robar datos bancarios de usuarios particulares. Por su parte, los dos gusanos Mydoom, afectan principalmente a redes corporativas en las que abren puertas traseras que permiten el robo de información confidencial.

    En este estado de cosas, es un hecho que hay una gran cantidad de datos como números de cuentas y de tarjetas de crédito, passwords, PINS… que están yendo directamente a manos de los hackers que han creado estos códigos maliciosos.

    Siguiendo con la teoría, imaginemos ahora que el autor de todos estos virus sea el mismo, y pensemos en la ingente cantidad de datos confidenciales que tienen ahora en su poder. ¿Qué hacer con ellos? Pues lo primero podría ser la organización de un “caos” financiero: una compra en un sitio, una transferencia en otro, transferencias múltiples, cambios de contraseñas, cambios de titulares de cuentas. Es fácil comprender que, en esas circunstancias, encontrar al culpable puede ser una tarea harto difícil. De esta forma, el autor saldría muy beneficiado y además, con muchas posibilidades de quedar impune.

    Desengañémonos: ni protestas a favor del software libre, ni de los monopolios informáticos, ni de la libertad de expresión, ni nada de eso. Casi con toda seguridad, los autores de estos virus no son más que vulgares ladrones que buscan enriquecerse de forma fácil y rápida.

           
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