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MYDOOM.A.WORM: INGENIERÍA SOCIAL PARA ADMINISTRADORES
DE RED
Por: Fernando de la Cuadra -
Panda Software
Para que un usuario abra un correo electrónico no solicitado se suele
recurrir a técnicas de ingeniería social. Este nombre es una manera
muy “políticamente correcta” de denominar a un engaño.
Generalmente se intenta que los usuarios piquen con un mensaje en el que se llame
la atención de algo.
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Hay un ejemplo que ya se ha convertido en un clásico: el
virus Loveletter. Allá por mayo del año 2000, se
propagó por todo el mundo haciendo que los usuarios abrieran
el fichero adjunto en un mensaje de correo electrónico en
el que supuestamente había una carta de amor. El sistema
funcionó, y de qué manera. Cientos de miles de usuarios,
millones, abrían una supuesta carta de amor aunque viniera
de una dirección desde la que era altamente improbable que
les enviaran una carta de amor. Podría ser el director general
de la empresa, un proveedor de artículos de limpieza o la
vecina de enfrente. Y además, en inglés, que aunque
sea un idioma muy extendido por todo el mundo, las cartas de amor
suelen escribirse en el idioma del destinatario. Así que
una elevada proporción de destinatarios podrían haberse
librado del virus con un poco de inteligencia, pero es mayor el
afán de cotilleo que el de seguridad.
Sin embargo, estos intentos pueden llegar a fracasar. Ante usuarios
más avezados no hay truco que valga, ya que ante un mensaje
con estas características, las alertas se disparan y se
extreman las precauciones. Pero ¿qué pasa si el gusano
se disfraza no ya con una treta de ingeniería social “masiva”,
sino apuntando directamente a los usuarios que supuestamente están
alerta?
El gusano Mydoom.A.worm es un buen ejemplo. Con un asunto y un
texto que puede parecer un mensaje de advertencia por un correo
defectuoso o mal enviado, el éxito ha sido fulminante. Un
usuario entendido no dejará de abrir un aviso de su sistema
de correo sobre un mensaje defectuoso.
En este caso, el nuevo gusano se aprovecha de la supuesta “superioridad” de
los conocimientos en los administradores de redes o usuarios expertos.
Ellos, los “expertos”, no picarán ante un virus
que proponga una fotografía pornográfica, pero intentarán,
sin duda, analizar el por qué de un mensaje proveniente
de un servidor de correo en el que se avisa de un error.
Para empeorar las cosas, si la persona que abre este supuesto
mensaje de error es al administrador de una red, el virus dispone
de la posibilidad de acceder a muchos más ficheros que un
usuario normal, ya que los premisos de los administradores son,
evidentemente, totales. El desastre está asegurado. De nada
sirve tener una estupenda barrera de seguridad si en alguno de
los puntos de la cadena se están cometiendo errores, y mucho
más en el punto en el que nunca se supone que se deben cometer,
como es en el estamento administrativo.
Siempre se ha dicho que el nivel de seguridad de un sistema es
su elemento más débil. Aunque en muchos casos estén
técnicamente resueltos todos los posibles agujeros de seguridad,
siempre nos quedará el problema de la formación a
los usuarios a todos los niveles, que a pesar de las muchas veces
que se ha insistido en este tema, está muy por debajo de
lo necesario.
Cuando se implementa un proyecto de seguridad global en las redes
de las empresas, la actuación en caso de que se produzca
alguna incidencia no suele observar la formación o la información
al usuario que la haya podido producir. Si acaso, se le acusará de
negligencia y puede que el empleado sea amonestado. Si el error
se produce, por ejemplo en un router, el router será actualizado
con los parches adecuados y se intentará que no vuelva a
producirse. Pero con un usuario final, pocas veces se hace un curso
de formación o unas jornadas de actualización.
En muchos casos bastaría con advertir a los usuarios que
dejaran el morbo atrás ante mensajes que utilizan la pornografía
para engañar, pero ahora hay que dar un paso más
adelante: los administradores deben estar tan alerta con los supuestos
mensajes de error como los usuarios con fotos pornográficas.
Es, simplemente una cuestión de seguridad.
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